lunes, 2 de abril de 2012

Leningrad 1941-1944

"Para que Leningrado deje de ser un centro de resistencia bolchevique en el Báltico sin sacrificar las vidas de nuestros hombres, no debemos atacar la ciudad con infantería. Debemos privar a la cidad de su vida y de sus capacidades defensivas aplastando su protección antiaérea y sus cazabombarderos, y luego destruir sistemáticamente su red de agua corriente, sus almacenes de víveres, sus fuentes de electricidad y energía... Hay que impedir cualquier movimiento de la población civil en dirección a las tropas sitiadoras, por la fuerza de las armas si es necesario" *.

Orden del Alto Mando Alemán al Mariscal de campo Leeb.

 
El 24 de octubre (...) se informó de que "los soldados entendían perfectamente que no podíamos alimentar a los millones de personas atrapdas en Leningrado" y que tendrían que disparar contra quienes tratasen de marcharse de la ciudad. Sin embargo, había dudas sobre si "mantendrían la sangre fría y dispararían una y otra vez contra mujeres, niños y ancianos indefensos, en caso de fugas repetidas". Tenían que encontrar otra solución. 

"El general al mando visitó una serie de baterías de artillería ligeras y pesadas. Inspeccionó los alojamientos de invierno y las posiciones recién construidsa para los cañones y luego habló con los oficailes al mando de las piezas y de la división sobre el uso de artillería para impedir que la población civil rusa escapara de Leningrado. Según la Orden Secreta 2737, había que detener aquellas tentativas por la ferza de las armas, si era necesario. Es obligación de la artillería resolver tal situación y hacerlo lo más lejos posible de nuestras líneas; preferentemente, abriendo fuego sobre los civiles al principio (de su salida de la ciudad) para que la infantería no tenga que disparar por sí misma contra los civiles".

 Registro de la visita de Leeb a las unidades de artillería.

 
Así fue la "gran epopeya" de la toma o, mejor dicho, del intento de rendición por parte del ejército alemán hacia Leningrado, desastre humanitario en el que participó, por parte de Franco, la División Azul. Hitler fue consciente de que era más fácil rodear la ciudad y asediarla hasta matarla de hambre y cansancio (el sitio duró 872 días) que luchar calle por calle y perder en la acción a miles de sus hombres. Una decisión, una reunión... actos cotidianos para condenar a miles y miles de civiles que perecieron bajo la terrible hambruna que llevó a la ciudad, bajo las más de cuatro horas de bombardeo diario, a un asedio criminal que finalmente no pudo conseguir su fin último: someter a la ciudad de los tres nombres: San Petersburgo - Petrogrado - Leningrado.

Leningrado es la epopeya de sus ciudadanos, el grito contra la barbarie de intentar exterminar a una población entera sin distinción alguna, la asquerosa guerra en su faceta más vil y cobarde. 

 

* Las citas han sido extraídas de "El sitio de Leningrado", MICHAEL JONES. Memoria Crítica, 2008.

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