martes, 31 de enero de 2017

Sobre el relativismo


Varios meses han pasado ya desde la última entrada en este blog. Meses donde mi vida ha ido girando, rebotando, golpeando y nuevamente poniéndose en marcha. Un golpe, otro, volver a levantarse… en definitiva, una vida más. El blog sigue activo en el twitter, pero reconozco que no es lo mismo ciento y pico caracteres que una entrada “como dios manda”. Comencé la cuenta en twitter como algo secundario de ayuda al blog y, paradojas de la vida, se ha mantenido más allá de la vida de éste.

Twitter es una jodida herramienta que, como casi todo en este mundo, puede ser capaz de lo mejor y de lo peor. En él lees grandes ideas, expresiones muy traídas y, sobre todo, buenos enlaces que te permiten conocer textos y páginas que de otra manera nunca hubieras encontrado. También redescubres la miseria humana, la simpleza mental y la mala fé de algún@s cuya mente limitada no va mucho más allá de la pantalla.

Si de algo me estoy dando cuenta últimamente es del relativismo tan en boga en este país en los últimos años. Ya no hay buenos ni malos, ahora todos son (o somos) medio buenos y medio malos. En este maldito país (como lo llamaba Eskorbuto) parece ser que tiene que tener el mismo respeto un fascista que un anarquista, por poner un ejemplo, o un multimillonario que explota a sus trabajadores (trabajen éstos al lado de su caso o estén, como se suele decir, “deslocalizados”) que un humilde obrero que se las ve putas para llegar a fin de mes.

Este relativismo me produce náuseas, pues no es otra cosa que el refugio del cobarde, de ese canalla que repartiendo panes y peces pretende quedar bien con todos y de paso creer que ha encontrado la fórmula de la Coca Cola (la cual tan malos tragos nos está dando últimamente). Que sí, que hubo hijos de puta en todos los sitios, incluidos los sindicatos, las asambleas y vaya usted a saber. Pero de ahí a poner al mismo nivel a los fascistas que trajeron la sangre, la esclavitud y la perpetuación del antiguo régimen (mediante la cohabitación de la Iglesia, el ejército y el capital) con los antifascistas que lucharon por la libertad y por un mundo nuevo (aquí evidentemente los matices son tan grandes que no seguiré ahondando)… por ahí no pasamos.

Parece ser que para ser correcto al hacer una historia de la guerra civil tienes que coger la coctelera y mezclar un 50% de desmadres fascistas con un 50% de desmadres antifascistas, agitarlo bien y que de ahí salga una pelea entre hermanos donde todos tuvieron la misma culpa. Para terminar de servirlo, decir que tras el 39 se instaló un régimen autoritario y será usted un escritor que posiblemente saque unas cuantas ediciones de su mierda de libro. Pero por mucho que venda seguirá siendo eso, una mierda.

Debemos ser claros, marcar a los fascistas allá donde estén porque habrá un día que si damos autoridad a estos relativistas nuestras generaciones futuras no sabrán quién fue verdugo y quién víctima. Y debemos hacerlo en todos los ámbitos: en nuestras casas, en la calle, en las escuelas, en los blogs y, por supuesto, en twitter.


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