viernes, 11 de enero de 2013

Diario de un pistolero anarquista. Cómo no escribir un libro.

Las pasadas navidades tenía un dinero para gastarme en libros, el mejor regalo a priori que uno puede tener en estas fechas, así que sin consultar previamente las obras que pretendía adquirir me fuí a la tienda y me dejé llevar por lo que veía. Primer error. Compre un primer libro sobre historia antigua pero, como aún me sobraban unos euros, seguí buscando, esta vez una edición de bolsillo para que me llegara el parné. Al poco me encontré con el libro de Mique Mir, de quien nunca había oido hablar, titulado "Diario de un pistolero anarquista", portada bonita y contenido curioso: un diario escrito por un miliciano anarquista y que el autor se dispone a desgranar. Me lo creí. Segundo error.

Podría decir que leerme este libro fue el tercer error, pero leer nunca es un error, si que lo sería no ser crítico con esta obra. No entraré en muchos detalles, para ello ya he visto que hay otras páginas donde lo desgranan mucho mejor (en Fraternidad Universal, por ejemplo, http://bit.ly/WX8bZf), simplemente decir que este plato no me lo trago, aunque lo haya pagado.



Lo primero que el lector advierte es que Miguel Mir no es historiador. Un libro de historia carente de referencias bibliográficas en las aseveraciones que hace tendría un buen rosco de nota en la universidad. La bibliografía teóricamente utilizada y que aparece al final de la obra, además de escasa, es del todo incompleta. Es por eso que cuando uno lleva media hora con el libro empiece a notar que ahí no todo funciona como debería. La obra se divide en una primera parte, donde el autor nos cuenta "la historieta", una segunda, donde según él transcribe literalmente el diario de este anarquista inédito y una tercera, documental, donde se meten documentos variopintos.

Si la base principal de la obra es el diario, debemos de decir que no sabemos realmente quién escribió esos documentos, ni el nombre y apellidos, ni si era realmente quien dice ser. Josep Serra, el protagonista, realmente no existió, al menos con ese nombre, tal como el propio autor reconoce a Agustín Guillamón (http://bit.ly/11mItnZ). Es decir, la base documental no tiene un protagonista real, o al menos no lo conocemos, y esto ya hace dudar mucho, tanto que empieza a parecer el típico libro de aventuras en el que, misteriosamente, alguien encuentra un libro perdido en lo más profundo de un arcón...

La parte "narrada" por Miquel Mir es un compendio de horrores sacados a saber de dónde (no tiene la referencia) y llena de mitos (como aquel en que unos milicianos matan a un hombre en un control por el mero hecho de apellidarse Rico). La bestia rojinegra del anarquismo no tiene piedad y el propio anarquismo lleva la semilla en su mal. Eso podía ser el resumen del libro. No vamos aquí a negar que hubo desórdenes y excesos durante las primeras semanas de la guerra civil. Sin embargo la visión que aquí se quiere dar es que eso fue lo general durante la contienda (en vez de los primeros momentos) y, de verdad, si te crees este libro a pie juntillas y no tienes autocrítica, acabas deseando que Franco entre por la puerta y te libere de los asesinos de la FAI. Sin embargo el autor calla, como tantas cosas, que fueron los anarquistas los que pusieron fin a estos desmanes (el propio Garcia Oliver habla de ello en su obra), desmanes que en esta obra sin embargo se intenta exponenciar hasta límites insospechados. 
No voy a hacer una lista de todos los despropósitos de este autor que sin duda escribe con ciertos objetivos ideológicos. No ahondaré en como deja el papel de las mujeres libertarias que fueron al frente (según el autor "muchas de ellas prostitutas"), ni de su valoración sobre el excesivo poder que se le dió a los anarquistas en el Comité Central de Milicias Antifascista (donde fueron los anarquistas, los que tenían en ese momento realmente el poder, quienes cedieron una gran parte de él en pos del resto de formaciones), ni del uso de anécdotas dificilmente demostrables y que suenan a tongo cosa mala (como el caso antes citado de Juan Rico). 

Únicamente para terminar diré que a mi entender tiré el dinero esa mañana navideña. Porque yo quería un libro de historia, pero de historia real, documentada, bien escrita. Y me he encontrado con un libro de opinión, de datos sin demostrar, de ficción.

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